lunes, 9 de enero de 2012

El comiezo de la imaginación

En 1899 ya habíamos aprendido a dominar la oscuridad, pero no el calor de Texas. Nos levantábamos de noche, horas antes del amanecer, cuando apenas había una mancha añil en el cielo oriental y el resto del horizonte seguía negro como el carbón. Aún no hemos conseguimos adaptarnos al cambio de horario, ya que es muy distinto del de donde venimos. Esta nueva casa no acaba de gustarnos tanto como la otra, es pequeña pero en fin es muy acogedora, nuestro hijo (John) se queja mucho de que esta casa es muy pequeña y que era mejor la otra, pero ya no le hacemos caso porque le hemos explicado muchas veces que estamos aquí, por trabajo.

Yo trabajo de abogado, mi mujer en una guardería y cunado salé trabaja de camarera en un restaurante. Por lo cual John se pasa muchas horas en casa solo. Él tiene catorce años y va al instituto, es un niño muy responsable y estudioso, pero no ha acabado de adaptarse correctamente al instituto ya que cuando sale de clase, los niños se burlan de él y le tiran piedras cuando vuelve a casa.

Un día, cuando nuestro hijo volvía a casa un niño se le encaro y le pego, él intento protegerse pero el otro niño le dio una paliza. Cuando yo me entere, al volver a casa le pregunte que le había pasado, él me explico la verdad y yo decidí ir a hablar con su tutor. Su tutor intento arreglarlo el problema hablando con ambos niños pero no dio resultado. Luego hable con mi mujer y decidimos cambiarlo de instituto, porque estábamos hartos de ver a su hijo entra a casa llorando. Pero esto no fue la respuesta correcta al problema y finalmente tuvimos que cambiar de residencia por lo cual perdimos mucho dinero, ya que vendimos la casa que acabábamos de comprar por casi la mitad de lo que nos costo.

Al final, cambiar de respuesta si fue la respuesta a nuestro problema, le pedimos a John que intentara no meterse en problemas y hacer amigos, así lo hizo, por lo cual se adapto muy bien a la escuela y no volvió a tener problemas. 

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